Buda, el gato de Diego, está inquieto. Cruzamos nuestras miradas extraviadas a las cuatro de la mañana, a las cinco, a las seis. A esa hora me voy a la cocina para leer sin molestar los sueños de Paloma ni los de nuestro anfitrión. Repaso las viejas, concienzudas y fallidas traducciones que Alberto Manzano hizo hace veinte años de las canciones de Bowie. Canturreo Ashes To Ashes. Leo un par de libros de poemas de Pablo García Casado, y sus palabras proyectan sombras brillantes en el techo de este loft. Anoche vimos el portafolio de Diego: en sus fotografías se escucha una intención atractiva y propia, la luz marca un ritmo invisible pero eficaz, las imágenes están aquí pero también en otro lugar inesperado, a veces inescrutable. El frigorífico se queja y en ese momento procuro detener mis pensamientos. Recibo el resumen de esta estancia breve, indisciplinada y hermosa. Me invaden las ganas de volver pronto a esta ciudad. Arrastro nuestra gran maleta roja entre las basuras sin recoger. Huele a café, huele a flores. La mañana fresca sabe a Raval y a poemas. La luz verde de un taxi anónimo nos recuerda que somos libres.
martes, 18 de marzo de 2008
Tres días en Barcelona (y VII)
Buda, el gato de Diego, está inquieto. Cruzamos nuestras miradas extraviadas a las cuatro de la mañana, a las cinco, a las seis. A esa hora me voy a la cocina para leer sin molestar los sueños de Paloma ni los de nuestro anfitrión. Repaso las viejas, concienzudas y fallidas traducciones que Alberto Manzano hizo hace veinte años de las canciones de Bowie. Canturreo Ashes To Ashes. Leo un par de libros de poemas de Pablo García Casado, y sus palabras proyectan sombras brillantes en el techo de este loft. Anoche vimos el portafolio de Diego: en sus fotografías se escucha una intención atractiva y propia, la luz marca un ritmo invisible pero eficaz, las imágenes están aquí pero también en otro lugar inesperado, a veces inescrutable. El frigorífico se queja y en ese momento procuro detener mis pensamientos. Recibo el resumen de esta estancia breve, indisciplinada y hermosa. Me invaden las ganas de volver pronto a esta ciudad. Arrastro nuestra gran maleta roja entre las basuras sin recoger. Huele a café, huele a flores. La mañana fresca sabe a Raval y a poemas. La luz verde de un taxi anónimo nos recuerda que somos libres.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
1 comentario:
Pues acabo de hacerme un viajecito por Barcelona, tan guapamente: es pasada la medianoche del Miércoles Santos y en la tele han salido capillitas llorando porque la lluvia les ha impedido salir con sus estólidas procesiones... Ha estado bien encontrarse aquí este viajecillo barcelonés.
Publicar un comentario